Se sumergió entre pensamientos y así creció. De resaca en resaca.
En una fiesta de calaveras nadie habla sobre amor y nadie podría. Algunos movían su esqueleto, otros sentados en sillones de cuero hablaban sobre los mil espíritus y sus fantasmas, sobre la depresión alienígena.
Se aburrió hasta dormirse. Esa noche soñó que pertenecía, entre luz, árboles, ojos brillantes y soles.
Un golpesito en el hueso y deseó vivir.